Eternos defensores de la patria...
F. Illuminatti
Dos meses después de lo sucedido, nuestro historiador regresa al morro acompañado por un alumno suyo. No sabemos porque, a las dos semanas vuelve a subir solo.
En un primer momento, lo hacía en horas de la tarde; quedándose alejado de las zonas de combate y examinándolas con binoculares. Al crepúsculo, comenzó a ver nuevamente las formaciones fantasmales.
Luego de muchas semanas, se acerca, cada vez más a ellas; mientras dejaba que fuera oscureciendo.
Y así, sucesivamente, hasta que, pasados algunos meses; se sentaba en la explanada del campo de batalla observando el cuadro fantasmal completo. En ocasiones, durante toda la noche, sin que le sucediera nada.
Lo que si pudo sentir (Salcedo), es la profunda abnegación de los combatientes. El odio mortal, flotando entre las piedras. El dolor desgarrador de los heridos, así como los estertores de los que mueren, -sin conciencia alguna-, como masas de carne que dejan de palpitar, sin comprender nada de la realidad, ni del trance en que están.
Finalmente, arribó a una conclusión:
Los descarnados en circunstancias violentas, continúan toda la eternidad sin saber que han muerto, repitiendo sus mismas últimas acciones, al haberse quedado atrapados en un instante entre dos tiempos: pasado y futuro.
Se preocupa, y finalmente cae en desesperación, por estos seres que, en un desprendimiento máximo por su patria, han dado su vida y se encuentran en tan horrible situación.
Salcedo, a veces siente; como, unos vientos helados atraviesan el campo de batalla buscando venganza, cargados de odio y en sed de sangre.
Durante, más de treinta años, revisa bibliografía sobre ángeles y demonios, sobre el cielo y la tierra, incubos, súcubos y toda la pléyade fantasmal.
Estudia espiritismo, sobre la vida en ultratumba, habla con curas, visita chamanes y brujos, toma san pedro, y aprende sobre la ayahuasca, estudia ocultismo, lo intenta todo...
Finalmente, cae en cuenta que, la única forma de poder comunicarse con ellos, es que alguien muerto los haga comprender. Alguien que, como un emisario, parta de este mundo a sacarlos de ese sufrimiento eterno.
Piensa, que solo así, podrán repetir por última vez su pasado (la batalla), entender su presente (su muerte en 1881) y avanzar hacia su futuro (el descanso eterno)
Pero, eso no soluciona el problema ¿como hacerlo? ¿Quién lo haría?
Descubre, con años de estudio y mucho cansancio; que sólo, cuando él muera, podrá recorrer esos lugares. Donde ha pasado más de la mitad de su vida, donde ha aprendido a querer y venerar el sacrificio de tanto joven, y a vivir entre ellos.
El, les hará comprender lo que no saben, y los rescatará de esta especie de maldición que padecen.
Una mañana de abril -de hace diez años-, encontraron a Johan Salcedo; sentado, recostada la espalda en un peñasco, mirando hacia el centro de la explanada de la resistencia final, en el Morro Solar.
Murió, durante la noche, de una neumonía fulminante. Lo extraño es que, en su rostro había una sonrisa de paz y beneplácito.
Había partido a reunirse, después de treinta años de investigar el morro, con los muertos que tanto amo.
No sabemos, si logró su propósito de salvar las almas de los combatientes.
Pero, aún hoy, se pueden ver después del crepúsculo, en la oscuridad del morro, sombras gallardas que como celosos guardianes eternos defienden la patria.
Tal vez, junto a ellos, se encuentre el espíritu del viejo Johan, en su terco empeño de salvarlos…
Otro blog del autor www.expedientesx.obolog.com


